domingo, 8 de marzo de 1998

Adiós

¡Cómo decir adiós
sin que el corazón
se pudra y se corrompa
en un odio putrefacto
y lo recuerdos cedan
al capricho de la ira
y de la culpa!
¡Cómo decir adiós
y seguir queriendo!
¡Cómo atesorar esos recuerdos
de los buenos tiempos
sin que aparezca el velo
del nunca más!
¡Cómo ser fiel al amor
sin seguir amando!
¡Cómo recordar las promesas
y no sentir que se agolpa
la sangre en las mejillas
y una vergüenza sorda
te nubla la mirada?
8/3/98

domingo, 18 de enero de 1998

Amistad

Los amigos pasan
y se van.
Los amigos vienen
y algunos se quedan,
ya sea en el presente,
ya sea en la memoria,
cuando ya no están.

Los amigos van y vienen
y sólo unos pocos permanecen,
ya sea en el alma,
ya sea en el corazón,
dando vida al pasado,
dando esperanza al futuro,
dando calor al presente.

Los amigos pasan,
los amigos quedan,
pero sólo unos pocos
realmente lo son.
18-I-98

viernes, 11 de julio de 1997

Olvido

¡Oh, melancolía!
Me envuelves
como la niebla a la montaña,
y yo busco la oscuridad
donde estar a solas sin ti.
Melancolía
que intento palparte
y nunca estás aquí.
Yo me aparto y contemplo
el fuego del hogar de lejos.
Melancolía
el intento de palpar
los corazones
pero nunca estoy allí.
¡Oh melancolía!
A veces, me gustaría
como un vaquero solitario
partir hacia el olvido.
11/7/97

miércoles, 9 de abril de 1997

Siesta en la guardería

Náufragos
en una tierra extraña.
Parecíais náufragos
en vuestras hamaquitas.
Náufragos en un mundo de oscuridad.

Pero como abejas atareadas
diligentes entre las hileras
de cuerpecitos dormidos,
laboraban las hadas
rodeadas también de oscuridad
pero repletas de luz.
9-IV-97

jueves, 27 de marzo de 1997

¿Estás ahí?

Pero
¿Es posible que estés ahí?
En ese caliz cerrado
atrapado por el oro
expuesto a las miradas
                         de los hombres.
Me niego a verte ahí.
Y, sin embargo, ¿qué es
esa emoción que siento al contemplarlo?
Aún así mi mente niega.
A mi espalda va llegando
la gente para adorarte;
la Iglesia ya no está fría
                         ni sola.
¡Ah! Ya lo entiendo,
ahora sé que estás ahí.
27-III-97
(Vitoria)

domingo, 26 de enero de 1997

Abstracción

La imagen de mis piernas
en el escaparate al caminar.
Mi caminar.
Yo estoy.
Movimiento.
Mi propio movimiento.
Me muevo
y los otros igual.

Su movimiento
Su propio movimiento.
Estoy.
Pero veo
amo
pienso
padezco
opino
vivo
compadezco
y siento
siento
siento.
Yo soy
29-I-97

miércoles, 29 de mayo de 1996

Anita de campanillas

A Ana, por supuesto.

Eres como una campanilla
de esas que suenan
en una suave tarde estival
de niño en la casona de la abuela.
Eres esa campanilla
pizpireta, risueña
como una margarita
que lanza su sonido al aire
y es como escuchar una risa.

Eras Anita cuando te conocimos,
¡Anita de campanillas!
y sigues siendo Anita para todos
en esta amistad a distancia,
de vernos de vez en cuando,
de cenas y nostalgias,
empapadas de un cariño
que corre como savia
debajo de las palabras
y de los silencios sin palabras.

Y ahora, Anita, resulta
que te nos casas.
Qué mayor te has hecho
¡Si hasta habrá que llamarte Ana!
¡Qué alegría verte feliz y casada!
El júbilo me embarga
pero me siento como un abuelo
al que su nieta más querida
se le casa.

Déjame que me
refugie en la nostalgia.
Nostalgia de un verano
hace seis años,
de unas tierras extrañas,
de nosotros seis,
camaradas,
infatigables viajeros,
-el Big Ben nos llamaban-
conociéndonos a nosotros
y a las cosas en las calles
de un Londres entrañable.

¡Fui tan feliz aquel verano!
En ese tiempo que es
ya para siempre nuestro,
pero que nunca volverá.
Y siento alegría y pena,
la alegría de lo vivido,
la pena de lo que ha pasado.

Nunca os hablé del cariño,
nunca os di las gracias
porque fuisteis vosotros
los que hicisteis de aquel verano,
de aquella ciudad,
ese sol que alumbra en mi memoria.

Y tú, Ana, eres un poco nuestra,
como yo lo soy de todos,
y Luis y Olga y Félix y Natalia.
Ahora te nos alejas un poco,
te vemos volar Anita
y aquel verano
se nos aleja cada vez más.

Siento un nudo
de alegría en el estómago.
¡Que te nos casas, Ana!
¡Que te nos casas!
¡Quién lo diría!
Brindemos por tu felicidad
que es también nuestra alegría.
¿Quién sabe!
Igual algún día
te vemos, Ana,
llevando de la mano
a tus pequeñas campanillas.